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Pequeña historia centrada en la presentación de Nata Hunter a los cachorros de Tamsyn y Nate.

Personajes Editar

Historia Editar

−Los visitantes más importantes de Naya están a punto de llegar.

Sascha sonrió ante el anuncio de la pantera en forma humana que descansaba en la puerta del dormitorio, su pelo negro alborotado por el modo en que ella había pasado sus manos a través de el antes. 

–Me preguntaba cuando tiempo tardarían. –Julian y Roman habían estado hablando con el bebé en su vientre durante meses, diciéndole todas las cosas que planeaban enseñarle.

−Me sorprende que hayan tardado tres días –dijo Lucas, su piel bronceada por el sol contra el verde oscuro de su camiseta favorita−. Los esperaba aquí en veinticuatro horas o menos.

−Probablemente Tammy no les dejó –dijo Sascha mientras doblaba una manta de color azul cielo que un anciano de la manada les había regalado−. Creo que ella estaba preocupada de que me sintiera abrumada.

−¿Lo estás? –Lucas se acercó para masajearle la nuca−. Hemos tenido muchas visitas desde el nacimiento.

−No. –Ella se volvió hacia su cuerpo, aspirando la fragancia masculina de él. Siempre lo había amado por el hombre que era. Ahora, lo amaba por el padre en que se había convertido, un alfa cambiante depredador que no ocultaba que adoraba a su hija−. Es maravilloso tener a todos tan emocionados por el bebé. –Vivir en una manada que mostraba el afecto abiertamente.

Lucas besó su oreja y le permitió que se volviera hacia la cuna, situada en el dormitorio porque ninguno de los dos podía soportar la idea de separarse de Naya.

Metiendo la mano en la cuna, tocó suavemente la mejilla de su bebé dormido con la punta de sus dedos.

–Todavía no puedo creer que sea nuestra.

Con la barbilla apoyada en su hombro y los musculosos brazos alrededor de ella, Lucas dijo:

−¿De qué estás hablando? Ella le pertenece a Roman y Julian. Ellos fueron muy claros en eso.

Sascha todavía se estaba riendo de ese comentario cariñosamente felino cuando los gemelos entraron de puntillas en la cabaña, susurrando: “Sascha querida” mientras entraban, en lugar de gritar como solían hacer, unas sonrisas descaradas en sus rostros.

Desconcertada, se agachó a su altura.

−¿Por qué susurráis? –Susurró.

Inclinando la cabeza igual que ella, todo pelo castaño y ojos azul medianoche.

–Porque −respondió Julian−, mamá dijo que teníamos que estar en silencio porque el cachorro es muy pequeña.

−Muy, muy pequeña –añadió Roman, olvidando susurrar hasta la última palabra.

Con el corazón lleno de amor por estos dos bebés que no eran suyos, pero que le pertenecían al igual que Naya pertenecía al resto de la manada, Sascha se acurrucó cerca de ellos.

− ¿Queréis conocerla?

Asintieron de manera entusiasta.

Tamsyn apareció en la puerta, un segundo después, Nate a su lado.

–Lo siento –dijo con una sonrisa tan cálida como contagiosa la de los gemelos, el ámbar oscuro iluminando su mirada −. Se escaparon tan pronto como la cabaña apareció a la vista.

−Estaban en silencio –le dijo Sascha a Tamsyn solemnemente.

Los gemelos estaban brillantes, angelitos aseados con sus camisas a cuadros de color rojo y amarillo y pantalones vaqueros.

Sascha quería cogerlos, pero su cuerpo no estaba listo. Se levantó y les tendió las manos y los chicos se la tomaron, una cada uno. Una vez en la habitación, los hizo sentarse en la cama. Entonces, alcanzando el interior de la cuna, levantó a Naya y fue a sentarse entre los dos, consciente de Lucas entrando en la habitación después de saludar a Tammy y Nate.

–Ella es Naya.

−Es pequeña –dijo Roman después de mirar cuidadosamente al bebé−. ¿Tiene un nombre más largo, como yo y Julian? Como yo soy Roman.

−Su nombre completo es Nadiya. –Sonrió a Julian mientras tocaba la mano del bebé con un dedo meñique.

Roman acarició su mejilla sedosa.

Naya bostezó mientras dormía.

Riendo, Roman dijo:

−Huele muy suave.

−¿Ese va a ser su verdadero olor? –Julian no parecía demasiado entusiasmado por el aroma del bebé que hacía que todo el instinto maternal en el cuerpo de Sascha suspirara de sombro.

Miró a Lucas en busca de ayuda. Su pantera se acercó para tomar a un Roman, que reía, en un abrazo antes de volver a lanzarlo en la cama.

–No, ese es su olor, por ahora. Desarrollará un aroma más profundo mientras crece.

−Oh, bueno – suspiró Julian −. Porque ahora mismo realmente huele como una chica.

Los hombros de Sascha se estremecieron por la triste declaración. Apretándose el estómago para contener la risa, ella dijo:

−Ella es una chica, ya sabes. ¿Vais a seguir jugando con ella?

−Sí. Ella es nuestro bebé −dijo Roman, sus cejas fruncidas y los brazos cruzados.

El asentimiento de Julian fue igual de serio.

–Incluso le hicimos un regalo.

Corrieron fuera de la cama juntos. Levantándose, Sascha entró en la sala de estar/cocina con Lucas para encontrar a Tamsyn preparando café y chocolate caliente, la sanadora se sentía aquí como en casa, igual que Sascha en la de ella. Un recipiente estaba sobre la encimera, probablemente algo delicioso que Tamsyn había preparado esa mañana.

−Papá. −Julian tiró de la mano de su padre, Nate se apoyaba contra la pared más cercana a la zona de la cocina, alto y con unas hebras plateadas en su pelo de color marrón oscuro−. Queremos darle a Naya su regalo.

Nate metió la mano en el bolsillo de la sudadera con capucha y sacó un paquete alegremente envuelto. Tomándolo, Julian agarró la mano de su hermano y corrieron.

–Esto es para Naya.

Lucas lo aceptó en nombre del bebé.

–Gracias. ¿Lo abrimos?

Dos gestos idénticos.

El paquete estaba cerrado con tanto papel y cinta que Lucas lo tuvo que cortarlo con sus garras.

−¿Listos? –Dijo a todo el mundo.

−¡Sí! –Con los ojos brillantes, los chicos casi estaban saltando arriba y abajo.

Lucas abrió el paquete y en su palma cayó un collar sorprendentemente bonito hecho de cuentas multicolores.

−Es hermoso –dijo Sascha, sabiendo que lo guardaría hasta que Naya tuviera la edad suficiente para apreciarlo.

−Ellos eligieron las cuentas –dijo Tamsyn con orgullo.

−Papá nos ayudó a ponerlas juntas –Julian fue a apoyarse en la pierna de su padre.

Agachándose, Nate le revolvió el pelo.

–Dile a Sascha y Lucas lo que significan las cuentas. –El alto centinela miró a los ojos del mismo tono que los suyos−. Se les ocurrió a ellos.

Sascha se sentó en un gran sillón acogedor con Naya y los gemelos a ambos lados de ella. Entonces Roman tomó las cuentas.

–Esto es por ti, Sascha querida –dijo, señalando las cuentas blancas y negras en el centro.

−Por tus ojos –explicó Julian, luego señaló una perla verde junto a la negra−. Y esta es por Lucas.

−Pero el negro también se podría decir que es por él, ya que es una pantera –dijo Roman mientras Sascha escuchaba, asombrada−. Así que esta tenéis que compartirla.

−¿Qué pasa con las marrones con rayas azules? –Estaban al lado del verde, blanco y negro.

−¡Esos somos nosotros! –dijeron los gemelos al unísono−. ¿No lo sabías?

−Bueno, eso tiene sentido −dijo Lucas, que se había acercado hasta estar apoyado en el respaldo del sillón−. Dado que Naya es vuestro bebé.

Roman asintió satisfecho.

−Y ésta es mamá y éste es papá. −Ambas cuentas eran de un magnífico azul cerúleo−. Porque mamá hace felices a todos y a papá le gusta cuando mamá es feliz, y es como cuando el cielo está soleado y luminoso.

Los ojos de Sascha quemaban. Sintiéndolo, Lucas pasó los nudillos por su mejilla y dijo:

− ¿Están todos los de la manada?

Eso hizo que Julian se diera una palmada en la frente.

−¡No! ¡Hay demasiada gente!

−Sería mucho tiempo. –Roman estiró mucho los brazos−. Para su próximo cumpleaños le haremos uno con más gente. –Entonces nombraron a los otros compañeros de manada representados en ese primer collar.

Para el momento en que terminaron, Sascha estaba completamente deshecha. Besando a cada uno en la mejilla, dijo:

−Sois maravillosos. Naya es muy afortunada de ser vuestro bebé.

De repente, tímidos, agacharon la cabeza contra ella.

−Dame –Tamsyn le tendió los brazos−. Déjame acurrucar a Naya por un segundo. Creo que mis monstruos quieren un abrazo tuyo.

Sascha pasó a Naya a los brazos de la mujer que había ayudado a nacer el precioso bebé de ella y Lucas. Rápidamente tuvo los brazos llenos con los niños pequeños. Sonriendo, se acurrucó contra ellos. El momento duró medio minuto antes de que se apresuraran a correr fuera para jugar en los árboles.

Cuando volvieron cinco minutos más tarde, mientras Sascha tomaba el chocolate caliente que Tammy le había preparado en lugar de café, y Naya estaba acunada en el hueco del brazo de Lucas, ambos estaban en forma de cachorro de leopardo.

−Chicos. –El tono de Nate hizo que ambos se quedaran congelados, Roman con una pata levantada del piso de madera, Julian con la cola arqueada−. ¿Os quitasteis la ropa antes de cambiar?

Idénticas miradas culpables, sus ojos de un impresionante color verde-dorado ante esa pregunta.

Gimiendo, Tamsyn dijo:

−Ahí van dos pares de vaqueros recién estrenados. –Ella frunció el ceño, pero había calor en su mirada−. Deberíais vestir con sacos de patatas.

Al darse cuenta de que no estaban en demasiados problemas, los cachorros corrieron a saltar en el sofá y acariciar a su madre a modo de disculpa. Tamsyn besó sus rostros peludos, mientras Nate sacudía la cabeza, sus ojos llenos de divertido afecto.

–También vais a tener que pasar por eso –le dijo a Lucas y Sascha−. Son muy buenos aprendiendo cosas, pero nunca se quitan la ropa.

Sascha sonrió a Lucas.

−No puedo esperar para ver a Naya cambiar.

−Yo tampoco. –La sonrisa de Lucas era tan profunda como la suya−. Tengo la sensación de que va a ser una pantera.

Después de tener una fingida pelea con su padre, los gemelos corrieron a saltar sobre los brazos de la silla donde estaba Lucas. Colocados cuidadosamente a ambos lados, olfatearon a Naya, le dieron unas palmadas con sus patas con las garras cuidadosamente enfundadas, luego saltaron de nuevo a acurrucarse al lado de sus padres.

Julian se movió en chispas salvajes de color, su rostro en una mueca.

−¡Todavía está durmiendo!

−Me temo que va a dormir mucho tiempo –le dijo Sascha, el amor que sentía por estos dos chicos que le habían mostrado lo que era la alegría incluso antes de haber imaginado que tenía derecho a ello, un dolor en el corazón. –Vais a tener que ser pacientes.

Acurrucado contra Tamsyn, Julian miró a su hermano. Roman hizo un pequeño gruñido. Julian gruñó y se volvió a Sascha, una conversación aparentemente completada. Pero antes de decirle lo que habían decidido, Naya abrió la boca en lo que parecía un pequeño gruñido de bebé.

Instantáneamente en alerta, Roman volvió a subirse en el brazo de la silla, mientras que Julian cambiaba para unirse a su hermano. Cuando un par de ojos verde y dorado de leopardo miraron a unos verdes brillantes, el tiempo se congeló. Entonces Julian le dio unas palmaditas al puño de Naya con cuidado. El bebé se acercó a él, se aferró a él.

Julian resopló de risa mientras Roman acariciaba la cara del bebé. Naya estornudó, haciendo reír a Julian con tanta fuerza que se cayó del brazo de la silla, mientras que su hermano se echaba hacia atrás… entonces la tocó con la pata. Esta vez, el bebé tomó un puñado de su pelaje en su puño. Él podría haberse alejado fácilmente, pero no lo hizo, acurrucándose contra Lucas en su lugar.

Volviendo a su posición anterior, Julian lamió el otro lado del bebé. En lugar de tener miedo, los labios de Naya se curvaron en una sonrisa de bebé. Enlazada como estaba con su hija en el plano mental, Sascha podía sentir su alegría, su sentimiento de seguridad. Naya sabía que estaba con la manada.

Tamsyn sacudió la cabeza.

−Ten cuidado − advirtió−. –Tu Naya va a ser llevaba por el mal camino tan pronto como pueda arrastrarse.

Nate tomó la mano de su compañera, la llevó a la boca y fingió morder.

−Cuidado con lo que dices de mis cachorros.

Apoyándose en sus brazos, Tamsyn dijo:

−¿Dónde crees que lo aprendieron nuestros hijos, Nathan Ryder? ¿Hmm?

Nate la apretó.

−En ese caso, Naya no necesitará ninguna ayuda. Luc hizo algunas cosas bastante espectaculares cuando era niño –levantó una ceja−. ¿No te pesqué una vez desnudo en una piscina de barro?

Lucas frunció el ceño.

−¡Tenía ocho años ! Y fue un baño de barro muy agradable. No sé por qué tenías que quitarme la diversión.

Encantada con esta nueva visión del pasado de Lucas, Sascha fue a pedirle a Nate que le contara más cosas cuando notó dos pares de orejas tiesas. Los otros se dieron cuenta al mismo tiempo. Tammy golpeó a Nate en las costillas.

–Vete avisando a la guarida. Veo un baño de barro en el futuro de un determinado dúo.

Nate fingió una mueca de dolor… y les guiñó un ojo a los muchachos.

–Os enseñare el mejor lugar.

−¿Qué sabrás tú cuál es el mejor lugar? –respondió Lucas−. Yo sé cual es el mejor lugar.

Las cabezas de los gemelos se movían de uno a otro, los ojos brillantes. Y Sascha quería saltar sobre todos, encerrándolos en un enorme abrazo. Naya crecería querida y un poco salvaje, con dos amigos que le enseñarían a ser traviesa y a jugar y Sascha no podía esperar para verla experimentarlo todo. Contemplar a su cachorro, con los ojos verdes de su papá, recubierto de barro.

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