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Primer capítulo - Silver Silence

Primer capítulo de Silver Silence

Nalini Singh ha compartido en la newsletter de Febrero (y la primera del 2017) el primer capítulo de Silver Silence, libro #1 de la nueva serie Trinidad Psi-Cambiante. El libro será publicado el 15 de Junio del 2017, y esta protagonizado por Silver Mercant y Valentin Nikolaev.

Disfruten

Silver Silence

Capítulo 1

por Nalini Singh

Ser un Mercant es ser una sombra que se mueve con voluntad, con inteligencia, con una precisión despiadada. - Ena Mercant (circa 2057)

Silver Mercant creía en el control. Era lo que la hacía tan buena en lo que hacía, ella nunca era tomada por sorpresa. Ella se preparó para todo. Desafortunadamente, era imposible prepararse para el hombre fuertemente musculoso que estaba de pie en la puerta de su apartamento.

-¿Cómo has entrado? -preguntó en ruso, asegurándose de estar de pie en el frente y el centro de la puerta para que él no se olvidara de que este era su territorio.

Los osos tenían el hábito de empujar todo fuera de su camino.

Este oso se encogió de hombros y se apoyó contra el lateral de la puerta. -Pregunté amablemente-, respondió en el mismo idioma.

-Vivo en el edificio más seguro del centro de Moscú.- Silver miró fijamente el rostro de mandíbula cuadrada en una piel miel-oscura. No era un bronceado. Valentin Nikolaev retenía la sombra en invierno, se volvía más oscuro en verano. -Y-, añadió, -la seguridad de la construcción está formada por ex soldados que no entienden la palabra “amable"-. Uno de esos soldados era un Mercant. Nadie hablaba de su camino más allá de un Mercant.

Excepto por este hombre. Esta no era la primera vez que él aparecía frente a su puerta en el trigésimo cuarto piso de este edificio. 

-Tengo un encanto especial - respondió Valentin, su gran cuerpo bloqueando la luz y su profunda sonrisa acentuada en familiares surcos en sus mejillas, su cabello negro era tan desordenado, que se preguntó si él incluso poseía un peine. Ese cabello parecía como si tuviera una textura sedosa, un marcado contraste con los duros ángulos de su cara.

Ninguna parte de él estaba tensa, su cuerpo tan relajado como el de un gato. 

Ella sabía que él estaba tratando de parecer inofensivo, pero ella no era idiota. A pesar de su formación ofensiva y defensiva, el alfa del clan StoneWater podría aplastarla como a un insecto físicamente hablando. Tenía demasiada fuerza, demasiada fuerza para golpearle sin un arma. Como así era la mente de Silver, un arma implacable. 

-¿Por qué necesitas verme a las siete de la mañana? - preguntó ella, porque estaba claro que él no le diría como consiguió pasar su seguridad.

Él extendió una mano sobre la que se encontraba un cristal de datos. -El clan prometió a EmNet un desglose de los pequeños incidentes que hemos manejado en los últimos tres meses.-

Aquellos "pequeños incidentes" fueron momentos cuando los Psi, los humanos y los clanes no cambiantes necesitaron asistencia en el área controlada por StoneWater, o en otra parte, cuando los miembros del clan oso estaban lo suficientemente cerca como para ayudar. Como la directora de la Red de Respuesta a Emergencias en todo el mundo, bajo la égida del Acuerdo Trinidad, Silver era quien coordinaba todos los recursos disponibles, y en esta parte del mundo, eso incluía a los osos StoneWater.

Por supuesto, ella no tenía ninguna habilidad para ordenarles que hicieran algo, tratar con un cambiante depredador era un ejercicio de abyecto fracaso. Pero ella podía preguntar. Hasta ahora, los osos siempre habían llegado. El cristal de datos le diría cuántos miembros del clan y/o otros recursos se habían requerido para manejar cada instancia; le ayudaría ajustar sus peticiones en el futuro.

Ella tomó el cristal, sin molestarse en preguntar por qué el alfa del clan se había presentado para entregar personalmente los datos.

A Valentin le gustaba hacer las cosas a su manera.

-¿Por qué Selenka te permite irrumpir en su territorio?- Los lobos BlackEdge tenían el control de esta parte de Moscú cuando se trataba de los accesos cambiantes. La ciudad se dividió en partes iguales entre la manada de lobos y el clan de osos, con el resto de sus respectivos territorios en dirección hacia fuera de esa línea divisoria central.

Este edificio de apartamentos caía en la mitad del territorio lobo. 

Valentin sonrió, los ojos oscuros como la noche se encendieron de un modo que ella no podía describir. -StoneWater y BlackEdge ahora son amigos.-

Si Silver pudiera sentir emoción, ella tal vez hubiera puesto cara de pura incredulidad. Las dos manadas más poderosas de Rusia tenían una relación de trabajo y ya no se enfrentaban en confrontaciones violentas, pero no eran amigos. -Ya veo -dijo, negándose a apartar la mirada de esos ojos de ónice.

Los cambiantes depredadores a veces tomaban la falta de contacto con los ojos como un comportamiento sumiso, incluso al interactuar con los no cambiantes. Los osos definitivamente lo tomaban como un comportamiento de sumisión. No eran exactamente sutil al respecto tampoco. De hecho, los osos eran los cambiantes menos sutiles que había conocido a través de su trabajo como asesora de alto rango de Kaleb Krychek, y como la cabeza de la EmNet.

-¿Qué ves, Starlight? –Preguntó Valentin con el retumbar profundo de su voz que hablaba del animal que vivía bajo su piel.

Silver se negó a reaccionar ante el nombre en que él insistió en llamarla. Cuando ella le había señalado que estaba siendo descortés por no usar su nombre real, él había dicho que lo llamara a su medvezhonok, su osito de peluche, que eso no le importaría. Era difícil tener una conversación racional con un hombre que parecía imposible de insultar o congelar.

Osos. 

Había oído a Selenka Durev decir eso a través de unos dientes apretados en más de una ocasión. Mientras que el condicionamiento de Silver bajo el Protocolo de Silencio permanecía inmaculado, su mente estaba libre de toda emoción, en el momento en que había conocido a Valentin, había llegado a comprender la reacción del lobo alfa. -Gracias por los datos, - le dijo-. La próxima vez, tal vez desees considerar una invención que nosotros en el mundo civilizado llamamos e-mail.-

Su risa fue tan grande que llenó el aire, llenando todo el espacio de su apartamento. 

El pensamiento no tenía sentido, pero parecía un reloj cuando Valentin se reía en su vecindario. Se había dicho varias veces que trabajaba para el hombre más poderoso del mundo; Valentin era sólo un alfa cambiante. Por desgracia, parecía que los alfas cambiantes tenían su propia marca potente de carisma. Y este oso alfa tenía un exceso de ella.

-¿Has pensado en mi oferta? -preguntó, la risa todavía en sus ojos.

-La respuesta sigue siendo la misma- dijo Silver mientras una quemadura se extendía por su pecho. -No quiero ir a tomar un helado contigo.-

-Es un helado muy bueno.- La sonrisa desapareció, Valentin repentinamente se movió completamente erguido de su posición inclinada contra el marco de la puerta, el tamaño y los músculos de él evidentemente peligrosos. -¿Estás bien?-

-Bastante bien -dijo Silver, mientras la quemadura se convertía en una punta dentada. Algo andaba mal. Tenía que contactar…

Su cerebro hizo corto circuito. Se dio cuenta de que su cuerpo empezaba a tener espasmos, sus pulmones pedían aire mientras sus piernas se debilitaban, pero no podía conseguir que sus "músculos" telepáticos funcionaran, no podía contactar a su familia o a Kaleb para pedir un telepuerto de emergencia.


Portada Oficial de Silver Silence.jpg

Moviéndose mucho más rápido de lo que la mayoría de la gente esperaba que los cambiantes osos se movieran, Valentin capturó el esbelto cuerpo de Silver antes de que hubiera hecho mucho más que balancearse en esos tacones de aguja que a ella le gustaba usar. Sabía que no eran los tacones los que la derribaban; Silver nunca estuvo en peligro con esos tacones. La mujer caminaba sobre ellos como si caminara sobre sus pies "de pies grandes", como lo describió una de sus tres hermanas mayores.

-Te tengo, Starlight,- dijo él, recogiéndola en sus brazos y entrando en su apartamento.

Él había estado tratando de entrar durante diez largos meses, desde que conoció a la Srta. Silver Mercant. Pero nunca había esperado que fuera porque ella estaba convulsionando en sus brazos. Colocándola sobre el sofá gris oscuro, la volvió hacia su lado y le agarró su mandíbula para evitar que su cabeza se sacudiera demasiado. Al menos respiraba, aunque el sonido era irregular.

Con la otra mano, agarró su teléfono, para llamar a Kaleb Krychek. El poderoso telequinético podría conseguir ayudarla mucho más rápido que cualquier ambulancia. Pero el cuerpo de Silver estaba agitándose tan violentamente que era demasiado para que él pudiera mantener el teléfono y evitar que ella se lastimara. Mientras maldecía, dejó caer el teléfono y colocó su otra mano en su cadera, sosteniéndola en el lugar.

-No es así cómo quería poner mis manos sobre ti, moyo solnyshko.- Siguió hablando para que ella supiera que no estaba sola, pero su sangre se estaba enfriando con cada segundo que pasaba. Estaba pasando demasiado tiempo.

Decidiendo arriesgarse, soltó su cadera y, agarró su teléfono, logró hacer la llamada. -El apartamento de Silver- dijo al despiadado hijo de perra que era el jefe de Silver. -Emergencia médica.-

Dejó caer el teléfono mientras Silver se sacudía de nuevo. -Espera, Starlight, -ordenó en su voz más desagradablemente alfa, tratando de evitar que su cuerpo se retorciera dolorosamente al mismo tiempo. Si Silver iba a responder a cualquier cosa, sería a la idea de que él se atrevía a darle una orden. -Eres más dura que esto.-

Sus ojos, esa gloriosa plata, se encontraron con los de él, sus pupilas enormes. . . Justo antes de que su cuerpo colapsara. 

Kaleb apareció en la habitación en el mismo instante, el hombre Psi vestido con un impecable traje negro sobre negro. -¿Qué pasó?- preguntó, con la voz tan fría como la medianoche en las estepas.

-Llévala a un médico- gruñó Valentin, el sonido procedente de las cuerdas vocales del hombre humano, pero llevando la rabia del oso. -Diles que era veneno.-

Kaleb era lo suficientemente inteligente como para no perder tiempo interrogándolo. Simplemente se teletransportó, llevándose a Silver con él. Con los dientes apretados ante el hecho de que ella estaba fuera de su vista, Valentin se levantó y, entrando en la cocina de Silver, comenzó a sacar cualquier cosa que pudiera ser comida. Los Psi tenían ideas extrañas como comida, barras nutritivas y mezclas de nutrientes. La única sorpresa en el armario de Silver era un trozo de chocolate negro y fino.

Se preguntó si había descubierto un secreto sobre la mujer más fascinante que había conocido, un secreto que podía usar para escabullirse en sus defensas. No, no tenía vergüenza en absoluto cuando se trataba de Silver Mercant. Encontró una pequeña tarjeta todavía unida a ella. La escritura estaba en inglés. Decía: Gracias por su ayuda, Sra. Mercant. Espero que disfrute de este pequeño gusto de nuestro negocio familiar. ~ Rico Cavalier

Su oso retumbó dentro de su pecho.

Éste era el tipo de regalo que un hombre le daba a una mujer que le interesaba, pero parecía que a Rico le habían dado un golpe si el chocolate estaba colocado en la parte de atrás de la despensa de Silver.

Bueno. De lo contrario, habría tenido que golpear al necio.

El único que cortejaría a Starlight iba a ser Valentin.

Habiendo recolectado todos los alimentos posibles, incluyendo algo que parecía un soso "pastel" del refrigerador que era probablemente un suplemento de proteína nutriente-denso, él comenzó a pasar a través de ellos. Los cambiantes tenía las narices más agudas de las tres razas.

Los osos tenían las narices más agudas entre los cambiantes.

Nada se le escaparía ahora que había captado el olor venenoso de los millones de otros en el aire: el ejemplar había venido de Silver, su cuerpo gritando una advertencia a sus sentidos cuando el veneno se activó.

-¿Hambriento, Alfa Nikolaev?-

No empezó con la voz de medianoche de Krychek, habiendo olido el regreso del cardenal telequinético a la habitación. Afortunadamente por su nariz, Kaleb no tenía el astringente olor metálico que algunos Psi tenían, los que estaban tan profundos en el régimen sin emoción que ellos llamaban Silencio que Valentin pensaba que nada los sacaría.

Era como si hubieran cortado sus corazones y almas.

Silver era hielo puro, pero tampoco tenía ese olor metálico. Le dio esperanza. Al igual que el débil toque de fuego que seguía captando a su alrededor, un sol oculto que parpadeaba contra su piel. Valentin estaba decidido a seducir la salvajidad escondida de Silver hacia la luz. ¿Quién mejor que un oso incivilizado después de todo?

-¿Cómo está ella?- preguntó él, mirando a Krycheck a los ojos. 

La mirada telequinética era de misteriosas estrellas blancas en negro que denotaba el más fuerte entre la raza Psi, difícil de leer aunque no hubiera sido Kaleb Krychek - un hombre que Valentin respetaba por su voluntad implacable pero sobre todo por su capacidad inesperada para la lealtad.

StoneWater hizo su investigación sobre posibles socios comerciales. Valentin, un joven segundo de Zoya en el momento en que Krychek apareció por primera vez en el radar de StoneWater, fue quien había cavado en el hombre Psi. Y lo que había descubierto acerca de Krychek era que si no lo traicionabas, él no te traicionaría.

Valentin podía trabajar con un hombre como ese.

Especialmente porque Krychek había tenido el buen sentido de emplear a Silver.

Las palabras que el telequinético expresó fueron átonas. -Los médicos están trabajando en su estabilización.-

El estómago de Valentin se apretó.

Un profundo rugido se construyó en su pecho, le ofreció un frasco de mezcla de nutrientes apenas usado. -Esto tiene el mismo olor tóxico como el que percibí en ella, consigue comprobarlo. Voy a terminar de revisar los otros artículos. -

Kaleb lo permitió, sin duda consciente de que, para tratar con eficacia a Silver, los médicos necesitaban saber el tipo de veneno que había ingerido. Porque mientras Valentin podía decir que algo era tóxico, no podía separar los olores venenosos individuales, no cuando nunca había hecho un punto para aprender esas gradaciones.

Vio el vaso medio lleno en el mostrador, se dio cuenta de que había interrumpido a Silver en medio del desayuno. No necesitó levantar el vaso hacia la nariz para oler las toxinas que se arremolinaban en el líquido café. Si hubiera estado aquí, habría quitado ese vaso de su mano antes de que una gota le llegará a los labios.

Apretando la mandíbula, le entregó la copa a Krychek cuando el otro hombre regresó. La tercera vez que Krychek regresó, Valentin había encontrado un segundo tarro contaminado de mezcla de nutrientes. -Era la tercera desde el frente a la derecha- dijo, sabiendo que la ubicación de los tarros envenenados podría ser importante. -Las barras de nutrientes estaban limpias.- Había abierto sin piedad cada uno de los paquetes, exponiéndolos al aire y a su nariz. -Silver se va a enfadar, he destrozado su cocina.-

Kaleb tomó la jarra, examinó la etiqueta y luego se teletransportó con ella. Cuando regresó, dijo: -Ese era el simple mezcla de nutrientes ordinarios disponibles en cualquier tienda Psi.

-¿Estás pensando en que manipularon el producto?-

-Es una posibilidad, los de mi raza no son universalmente queridos.-

Ese era un gran eufemismo. Muchos de los Psi podrían estar tratando de recuperar sus emociones después de más de cien años de entrenamiento para no sentir nada, pero sus anteriores gobernantes habían hecho un daño masivo, mataron, torturaron y crearon una vena profunda de mala voluntad.

Los humanos y los cambiantes tenían una buena memoria.

-La otra opción es un intento de asesinato.- Los ojos cardinales de Krychek observaron el lío que Valentin había hecho de la comida. -Confío en tu sentido del olfato, pero independientemente voy a a hacer que todo sea comprobado.- 

Valentin no se sintió insultado. Esto no era sobre el orgullo. Era sobre la vida de Silver. -Hazlo. Ahora, dime dónde está ella.- 

Kaleb deslizó sus manos en el interior de los bolsillos de sus pantalones. -Silver no ha mencionada una amistad-. 

-Estoy trabajando en ello.- Había estado haciéndolo desde el día en que había caminado frunciendo el ceño hacia una reunión y se había encontrado cara a cara con una mujer que le hacía pensar en el fuego oculto y en la fría y distante luz de las estrellas. Y, seamos honestos: Privilegios de piel. Desnudos privilegios de piel. Privilegios de piel de monos salvaje. No podía estar cerca de Silver y no hacer que su cuerpo reaccionara. Su propio cuerpo, era delgado, pero con todas las curvas correctas. Y era dura, dura como una hembra osa para la sangre.

Nunca había rechazado su deliberada provocación.

A su oso le gustaba eso. Mucho.

Lo suficiente como para arrojarla sobre su hombro y llevarla a su guarida si solo ella no le freiria los sesos por atreverse. De todos modos, estaba tentado a arriesgarse. Tenía una cabeza dura, probablemente podría tomarle un tiempo mientras ella no estuviera tratando de matarlo.

Esa mente de ella…  Nunca la había conocido a su gusto. Silver Mercant no olvidaba nada, y ella tenía una presencia de acero que hacía que incluso los osos ruidosos se sentaran y tomaran nota. Una mujer así, haría un infierno de compañero. Lástima que se negara a considerar la idea: Silver no se movía por completo en toda la cosa sin emociones del Silencio.

-Mi pueblo eligió el Silencio por una razón- le dijo ella tres visitas antes-. Aunque parte de ese razonamiento ha demostrado ser lo suficientemente falso como para derrocar el Silencio para muchos, otras partes todavía se aplican. Yo estoy y siempre estaré en el Silencio. Eso significa que nunca estaré lista para 'escapar' y experimentar 'travesuras' contigo.-

No importa. Valentin tenía un plan.

Porque malditamente bien ella iba a sobrevivir. -Ni siquiera trates de impedir que la vea, Krychek- dijo al cardenal, que aún no había escupido la ubicación de Silver. -Soy más grande y más malo que tú.-

Krycheck arqueó una ceja. -Más grande, si. ¿Más malo? Dejemos esa pregunta abierta. Sin embargo, puesto que ella está viva por ti, creo que se te puede confiar su paradero.- Le dijo a Valentin el nombre del hospital.

Seria una corta carrera de diez minutos desde aquí. Normalmente, Valentin habría cubierto esa distancia sin vacilar: su oso apenas se había estirado cuando llegara al hospital. Podía usar un vehículo, pero en realidad no les gustaban. Eran demasiado pequeños en lo que a él respectaba. Pero este no era un día normal. -¿Puedo tener un aventón?-

El otro hombre no dijo nada, pero menos de un segundo después, Valentin se encontró de pie en un antiséptico pasillo blanco, el suelo bajo sus pies de un frío azul grisáceo. Las sillas de un lado estaban pegadas a la pared, los cojines de los asientos de un azul marino oscuro. A la derecha de las sillas había una puerta con un pequeño cuadrado de cristal.

Más allá de aquel cristal había un quirófano donde los médicos y las enfermeras vestidos de blanco trabajaban con frenética eficiencia para estabilizar a Silver. No podía verla, pero a pesar de los poderosos olores del hospital en el aire, afilados y mordedores, podía oler la fría luz de las estrellas y el fuego secreto de ella.

-Creí que la llevarías a una clínica privada.- Este hospital público era excelente, pero Silver era crítica para el frágil equilibrio de su mundo fracturado, y Krychek podía teletransportarse en cualquier lugar en un abrir y cerrar de ojos.

-El médico principal que trabaja en ella es uno de los especialistas más destacados del mundo en toxinas y venenos y su impacto en el cuerpo Psi.-

-¿Te descargas esa información de la red psíquica de la que eres parte?-

Krychek asintió con la cabeza.

-Útil.- Valentín no podía imaginar una vida en la que su mente estuviera conectada a una vastedad ilimitada que incluía a millones de extraños, pero como un oso cuyo clan era el latido de su corazón, podía entenderlo. -No la dejaste aquí sola.- Krychek se había retrasado al regresar a él la primera vez. El tiempo suficiente para traer a alguien que vigilara a Silver. 

-No, él no lo hizo.- La mujer que había hablado acababa de caminar desde donde había estado tomando un vaso de agua no lejos del corredor. Su lengua de elección era el inglés, y tenía un olor que casi no era olor. Pero para un oso, todo el mundo tenía un olor, y ella no había logrado borrar todos los hilos. La sutil memoria del jabón, el olor corporal natural que era únicamente suyo, un toque de rosas.

No tenía que preguntarle su identidad; esta mujer era Silver en cincuenta años. Su cabello era blanco puro y sus ojos iguales a los de Starlight, huesos faciales finos, ella era claramente una Mercant. Y, si los rumores que la tercera hermana mayor de Valentin había oído eran verdaderos, entonces probablemente era la Mercant.

El tomó el riesgo. -Abuela Mercant-  dijo él en el mismo lenguaje que ella usó, inclinando ligeramente la cabeza en reconocimiento de otro alfa.

La abuela de Silver no mostró ninguna sorpresa en su saludo, de modo real, estaba claro que lo tomó como debido a que ella sería reconocida -a pesar de que la jefe de la familia Mercant prefería permanecer firmemente fuera del centro de atención. Sí, las mujeres Mercant eran tan duras como el acero.

Más que suficiente para manejar osos.

-Tú me tienes en desventaja- fue su educada pero en ninguna manera cálida respuesta.

-Valentin Nikolaev- se presentó. - Alfa del clan StoneWater.

-Él estaba con Silver cuando se desplomó.-

Los ojos de la abuela Mercant se clavaron en Valentín luego de las palabras de Krychek. -Si mi nieta sobrevive, será por tus rápidas acciones.- Se volvió hacia el cardenal que era el tercer punto de su triángulo. -¿Alguna respuesta del laboratorio?-

-No- dijo Krychek, luego hizo una pausa. -Tengo el informe. Lo estoy enviando.-

Más allá del cuadro de cristal, Valentin vio a un médico levantando la cabeza. Ella asintió una vez hacia la ventana para reconocer el mensaje telepático antes de comenzar a dar órdenes a su personal.

Los minutos se volvieron una hora, más.

Aun así, esperaron.

© Copyright 2017 by Nalini Singh

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